miércoles, 4 de julio de 2012

Cuando Llegaba junio

Miguel Lorente
Al finalizar mayo, cuando las clases se acaban, salíamos corriendo hacia la playa de la Malvarrosa, no porque nos gustara su duna poblada de cañas o los atunes colgados delante de las casas de los pescadores para convertirlos en mojama, sino porque era la que estaba más próxima. Teníamos que estudiar para los exámenes finales pero la atracción era tan grande que los que éramos de tierra adentro no podíamos resistirnos a las escapadas. Dejábamos la biblioteca de la escuela, atravesábamos los últimos campos de chufas para tomar el “trenet” en Benimaclet, y en la primera parada cerca del mar nos bajábamos. Era una playa sin chiringuitos, ni paseo marítimo, ni bloques de apartamento, pero no se podía decir que fuera una playa virgen porque abundaba la basura, aunque eso a nosotros no nos importaba. Me llamaba la atención la casa de Blasco Ibáñez abandonada donde en el suelo se encontraban jeringuillas usadas.
Para nosotros el mar y la arena era un lujo y mi piel clara escasa de melanina disfrutaba con el agua salada. Entonces, por lo visto, no existían las cremas fotoprotectoras porque nadie de nosotros las usaba. Después de varias horas disfrutando del sol y del agua regresábamos a casa y, al atardecer, empezábamos a sentir que el cuerpo se enrojecía como ascua incandescente. Aquella noche era imposible dormir, después aparecían las ampollas y la piel quedaba chamuscada: eran quemaduras por lo menos de tercer grado. Al día siguiente alguien proponía volver a la playa y tú, postrado, casi desnudo para evitar cualquier roce con la ropa, maldecías jurando no volver nunca más a pisar la arena. Pero al año siguiente, cuando llegaba junio y las clases se acababan, otro nuevo ciclo se iniciaba. Locos por el mar volvíamos a la Malvarrosa, llegaban las quemaduras y la promesa de no pisar jamás la playa.
En la foto Lafuente, de piel blanca pero protegido, López Fanlo, de piel oscura, y yo, de piel blanca pero sin protección.

No hay comentarios:

Publicar un comentario