El pasado 14 de abril estuve en Valencia unas horas. Pocas, pero suficientes para atravesar el Paseo de Valencia al Mar (¡que no se rían los valencianos por este anacronismo!) y detenerme en nuestra vieja Escuela para recordar emociones pasadas. Quería fotografiarme en la puerta, en el mismo sitio que lo hice 40 años antes con otros seis compañeros que he olvidado a pesar de tener entonces buena relación con ellos. En mi mente guardaba el cliché del mural de hormigón con el águila, el olivo, las escaleras, el gran patio de entrada, los nenúfares de los jardines interiores, …
Pero como yo, casi nada estaba igual. La Escuela había sido trasladada al Politécnico y el edificio se veía abandonado. Las escaleras se habían convertido en refugio de mendigos, la vegetación del jardín ocultaba las ventanas de la planta baja. Sólo el olivo, símbolo de la inmortalidad y de la reconciliación, aunque más crecido, permanecía impertérrito ajeno al paso del tiempo.
Atravesé la calzada hacia los jardines centrales del paseo donde hacíamos prácticas de topografía y donde, al atardecer, las parejas se ocultaban para dar rienda suelta al ímpetu amoroso y clandestino. Fui buscando las jacarandas para recordar el olor penetrante de sus flores violáceas que impregnaba el aire del Paseo, y en el primer banco los habitantes de las escaleras de la Escuela añadían alcohol barato a sus destrozados cuerpos. Las jacarandas aún no habían brotado.
Como yo, casi nada me parecía igual. Pero me fijé en el olivo haciéndome ver que yo también seguía siendo el mismo; más mayor, ¡faltaría más! pero el mismo que con tantas ganas de vivir había visto tantas veces a aquel olivo. Entonces recordé una canción que aprendí en Valencia hacía 40 años sin fijarme en el significado de su letra, y que ahora le encontraba sentido cuando dice: “Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdo encadenan mi soñar. Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar y, aunque el olvido que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón”.
Y tras el impacto depresivo inicial, decidí que necesitaba “Volver aunque fuera con la frente marchita ….etc. etc. (Mejor escuchar a Estrella Morente: http://www.youtube.com/watch?v=upsF0jpz4kg )
Pensaréis que me he puesto sentimental. Quizás, pero en realidad pretendo simplemente ilusionaros e involucraros en la idea de saber quiénes éramos y, si fuera posible, volver a juntarnos. La localización va lenta aunque hablando con vosotros siempre sale algún nombre nuevo, por ello, con la lista que os mando, os ruego hagáis memoria. También os pido fotos de aquella época.
Y puesto a pedir, necesito que me indiquéis que habéis recibido este correo porque hasta ahora muy pocos lo han hecho y no sé si os llegan ni si os interesa esta idea. No obstante, salvo que me digáis lo contrario, seguiré informándoos y dando la lata.
LORENTE
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