miércoles, 11 de julio de 2012

El precio de un aprobado

Javier Sierra Soria
La primera vez que le vi fue en el bar de la escuela. Estaba en el fondo de la barra sentado sobre un taburete en posición estudiada, leyendo Las Provincias y tomando un café con bollería que, seguramente, le pagaban los alumnos que le rodeaban. Vestía chaqueta de cheviot verde, pantalón de loneta azulina y corbata amarilla con topitos rojos. “Pa matarlo”. Los veteranos ya nos habían avisado que ese profesor era un personaje peculiar y que había que invitarle a desayunar al menos tres veces a lo largo del curso para que te aprobara. No presumáis de sagacidad porque está chupado que se trata de Juan Garrido, el catedrático de Zootecnia. De entrada no me cayó bien y como todo lo que se ve de octubre a junio, me pareció un mundo de días para invitarle a desayunar si quería aprobar.
Claro que los años 1971- 1972 eran otros tiempos. Ahora ningún profesor presumiría como él en clase de haber inseminado artificialmente a más de 200.000 mujeres trabajando para la Alemania nazi y, además, este personaje lo contaba orgulloso. Otra cosa es que fuera verdad, pero en cualquier caso se definía como un ser miserable. ¿Quién no se acuerda de las clases de prácticas en el Centro Oficial en Catarroja, en las que, a pesar de que hubiera para ello un operario del propio Centro, don Juan Garrido se empeñaba en que fueran las niñas (como así las llamaba) quienes cogieran la verga del toro para ayudar a introducirla en la vagina artificial donde eyaculaba? O cuando contaba en clase que el campeón mundial del amor era un sujeto que medía 1,50 m. y añadía: “Así niñas que no se hagan muchas ilusiones con los Adonis”.
Mientras tanto fue pasando el tiempo, y lo que en octubre veía muy lejano, al llegar el mes de mayo empecé a sentir que el fin de curso se me echaba encima y, claro, empezó a preocuparme el aprobado de Zootecnia porque ni una sola vez había invitado a un café al profesor Garrido, y tampoco era cuestión de hacer una maratón de invitaciones a última hora. Entonces decidí regalarle una caja de 12 botellas de un buen vino de mi pueblo, Cariñena, un reserva Monte Ducay de Garnacha que guardé en casa hasta el momento de la entrega. Pero un día vinieron por mi patrona algunos amigos maños y, al ver la caja, me incitaron a descorchar una botella. Y como no era estético regalar 11 botellas, decidí entregarle 9 y así tendría para dos invitaciones más. Como cualquier motivo era bueno para celebrar algo, a ocho días de terminar las clases me encuentro que solo me quedan tres botellas. Así que al día siguiente, como un mal cazador a la espera de un conejo, me puse en la barra del bar de la Escuela con mis tres supervivientes botellas, a la espera de que Don Juan Garrido llegara para desayunar, que como podéis suponer también corría por mi cuenta. Mal rato pasé, tanto para invitarle como para entregarle las botellas de vino, entre otras cosas porque mis compañeros de Horto me estaban observando y cachondeándose de aquella situación embarazosa. Pero lo hice ¡Como que había que aprobar!
Y por fin llegó el día del examen … Entre los alumnos se encontraba el secretario de la Escuela, un tipo corpulento y distante que, según se comentaba, era policía secreta o algo parecido. Estaba matriculado en tercero de Explotaciones pero nadie le había visto en clase ni invitar al desayuno a don Juan Garrido, con lo que esto último le originaba un problema.
Estaba claro que lo tenía que suspender…… pero era un poder fáctico en la Escuela y por mucha inseminación artificial que hubiera hecho con los nazis……., llegado el momento el profesor Garrido decidió aprobarle. Pero mira por donde debía tener su punto de magnanimidad y, para hacer justicia, anunció en el mismo examen que iba a haber aprobado general. El alborozo fue unánime pero, en ese momento, yo no me alegré porque me di cuenta que mis tres botellas y mi invitación a café y bollería no habían servido para nada. Maldecía para mis adentros porque, voluntariamente, hubiera preferido regalar mis tres botellas de Cariñena e invitar a café y bollos a Gloria Palomares.

El prfesor Garrido y su esposa en un viaje de prácticas con alumnos

miércoles, 4 de julio de 2012

Cuando Llegaba junio

Miguel Lorente
Al finalizar mayo, cuando las clases se acaban, salíamos corriendo hacia la playa de la Malvarrosa, no porque nos gustara su duna poblada de cañas o los atunes colgados delante de las casas de los pescadores para convertirlos en mojama, sino porque era la que estaba más próxima. Teníamos que estudiar para los exámenes finales pero la atracción era tan grande que los que éramos de tierra adentro no podíamos resistirnos a las escapadas. Dejábamos la biblioteca de la escuela, atravesábamos los últimos campos de chufas para tomar el “trenet” en Benimaclet, y en la primera parada cerca del mar nos bajábamos. Era una playa sin chiringuitos, ni paseo marítimo, ni bloques de apartamento, pero no se podía decir que fuera una playa virgen porque abundaba la basura, aunque eso a nosotros no nos importaba. Me llamaba la atención la casa de Blasco Ibáñez abandonada donde en el suelo se encontraban jeringuillas usadas.
Para nosotros el mar y la arena era un lujo y mi piel clara escasa de melanina disfrutaba con el agua salada. Entonces, por lo visto, no existían las cremas fotoprotectoras porque nadie de nosotros las usaba. Después de varias horas disfrutando del sol y del agua regresábamos a casa y, al atardecer, empezábamos a sentir que el cuerpo se enrojecía como ascua incandescente. Aquella noche era imposible dormir, después aparecían las ampollas y la piel quedaba chamuscada: eran quemaduras por lo menos de tercer grado. Al día siguiente alguien proponía volver a la playa y tú, postrado, casi desnudo para evitar cualquier roce con la ropa, maldecías jurando no volver nunca más a pisar la arena. Pero al año siguiente, cuando llegaba junio y las clases se acababan, otro nuevo ciclo se iniciaba. Locos por el mar volvíamos a la Malvarrosa, llegaban las quemaduras y la promesa de no pisar jamás la playa.
En la foto Lafuente, de piel blanca pero protegido, López Fanlo, de piel oscura, y yo, de piel blanca pero sin protección.

Qué tiempo tan feliz

Manuel Sánchez Meseguer
Un día en el Facebook encuentro un mensaje de Antonio Castiñeiras contándome la aventura que Lorente ha iniciado. Inmediatamente vista atrás y recuerdos, muchos recuerdos, y todos felices. La Escuela, el bar (un bocadillo de tortilla y una cerveza = 11 pesetas), el equipo de fútbol, el de voleibol (en nuestra época se llamaba balonvolea), los interminables ratos en el hall, Capuchinos y el Checa que curiosamente fue mi oveja negra porque la última asignatura que tuve que superar fue una de Jardinería, las milicias universitarias, y cuando la crisis económica era muy profunda “el vampiro”. La primera huelga que viví en el entorno político de entonces, que duró dos meses y que nos apuntamos por la novedad sin tener muy claro los objetivos finales y muchas cosas más. En fin, todo forma parte de nuestra vida que pasó pero que jamás se olvidará.
Un saludo para todos.

miércoles, 20 de junio de 2012

Cuarenta años de un golpe

Antonio Castiñeiras

Buenos días ¿Estudiaste en Valencia?
-Sí.
-¡Soy Antonio Alcázar!

No pude reaccionar. De repente... cuarenta años de un golpe, así sin anestesia. Como dice la canción veinte años no serán nada, ¡pero cuarenta!
Superadas las sorpresas, los recuerdos.
Las galopadas por la banda del 7 del equipo de la Escuela (el madrileño), recuerdo a Carrasco, con algunos más, animando al equipo de voleibol y, sobre todo, "desanimando con cierta pasión" al equipo contrario, al grito de guerra que utilizaba en las grandes ocasiones “¡Viva Cuenca libre”!. Era un partido contra un colegio mayor (no recuerdo el nombre). Aquello pudo acabar mal si ellos hubieran encontrado los «refuerzos» que mandaron a buscar… Recuerdo, cómo no, las cosas de Sánchez Capuchinos... el bar, los Viveros...
En fin, todo ha sido tan sorpresivo sin tiempo para reaccionar, y como además la literatura no es lo mío, mejor os dejo con Serrat que se apaña mejor con eso http://www.youtube.com/watch?v=zFLcUAUWCqk
Espero volver a evocar todo eso, pronto, en Valencia.
Un abrazo a todos.

sábado, 16 de junio de 2012

Recuerdos positivos

Luis López Algaba

Hola compañeros/as:
Por si alguien no me reconoce en la foto, soy Luis López Algaba. Gracias a los desvelos de Miguel Lorente tenemos la oportunidad de volver a recordarnos, después de cuarenta años.
¡Madre mía!¡Ya han pasado cuarenta años!
En las fotos del blog que va colgando Miguel, de entonces y de ahora, se ve claramente el paso del tiempo. De todas nuestras vidas en casi todos los casos al margen unos de otros, por la dispersión provocada por los distintos orígenes de cada uno, de los trabajos, de la vida en sí.
Pese a esa dispersión yo creo que hay algo común que nos une. El recuerdo positivo de aquellos años, de nuestra juventud. ¿Alguno tiene un mal recuerdo de la EITA de Valencia? Me atrevo a asegurar que no. Algunos malos ratos se pasaron, por ejemplo por algún suspenso que creímos injusto, pese a haber entrado en el examen con una resaca de capitán general, fruto de una noche en blanco, más de vidrios que de libros. Pero el recuerdo global, positivo. Seguro.
Apunto aquí algunos recuerdos positivos que seguro más de uno/a también tendrá:
• El primer compañero que conocí el primer día de clase de 1ª, justo en el tablón de anuncios junto a la escalera. Era Antonio Lasaosa, tan despistado como yo, intentando hacer un cuadro de horarios o algo parecido.
• El Capuchinos con el Bisonte en una mano y la cerilla, también apagada en la otra, haciendo kilómetros por la tarima y diciendo cosas como: "¡Silencio cósmico, qué se oiga el aleteo de una mosca!" o "La fiera, la filoxera, se guarecía al este de las Montañas Rocosas y entró en España, por Gerona, en 1876".
• El adjunto de Capuchinos que no recuerdo el nombre que, sentado en plan busto parlante en la mesa, nos deleitaba y ampliaba nuestro conocimiento con frases del estilo: "El Citrange Troyer es más resistente pero menos a la gomosis que el Poncirus Trifoliata, pero teniendo en cuenta que el Mandarino Cleopatra es más resistente pero menos a la tristeza que el Citrange Troyer y menos pero más a la gomosis que el Poncitys Trifoliata".
• Las carreras de tractores que nos hacíamos sorteando las columnas del taller de Motores cuando el Maestro de Taller se iba al despacho.
• El Garrido diciendo, con ese dominio que tenía de la asignatura, en una clase práctica en la Escuela de Capataces de Catarroja, que el toro semental era un ejemplar joven e inexperto cuando no quería montar a la vaca, para una extracción de semen y es que la vagina artificial estaba con el agua muy caliente y ya le habían abrasado antes el pito.
• La práctica de pastizales de alta montaña en La Iglesuela del Cid (Castellón) siempre con autobús que se rompía y las ovejas del aprisco que no olvidaban de un año para otro nuestra visita gracias al escandallo que les hacíamos.
• La influencia de la curvatura de la Tierra en la perpendicularidad de la mira, obsesión del Puerta y que no había Dios que entendiera y, mucho menos, demostrar.
• Las muchas tardes y noches de estudio en la RUCE (Residencia Universitaria Casa del Estudiante) en la calle Pascual y Genís, con Federico Hernández y algún otro compañero dándole a los libros a base de cafeteras y Ducados.
• El comedor de la Policía Nacional que se comía bien, abundante y barato junto a los cuarteles de la Alameda. Ahora el edificio es un hotel de lujo. ¡Vivir para ver!
• Las patatas bravas con unos vasos de cerveza que parecían barreños que ponían en el Bar Universitario de la calle Comedias. Ahora creo que hay una tienda de ropa de cama.
• El único compañero con el que he mantenido ininterrumpidamente el contacto durante todos estos años. Javier López de la Cámara, el de Cartagena, aunque en realidad es de Granada. Bueno, esto no es un recuerdo pues acabo de hablar con él y me ha soltado otra "parrafada" del Capuchinos que se la dejo a él para que la cuente.
Bueno compañeros/as, acabo ya. Vamos a hacer caso a la propuesta de Miguel y nos reunimos este otoño en Valencia, porque él, como buen maño cabezón, no va a parar hasta que lo consiga. Sería una buena ocasión, con la que está cayendo, de echarnos unas risas y reírnos de la música y de los tocadores.
En el aspecto personal deciros que estuve casado durante 29 años, hasta que falleció hace 3, de un cáncer cabrón, con una prima hermana de "la asturiana", María José. Tuvimos una hija.
Edito un blog que lo llamo LUIS LÓPEZ PUNTO COM en el que pongo cosas de senderismo, viajes y de trabajo.
¡Un abrazo a todos/as!

jueves, 7 de junio de 2012

La Orla del Santo Grial

Rafael Balada Llasat

Apreciados compañeros de la V de la EITAV,
Hace unas semanas me llamó Lorente y os confieso que, al empezar a hablar, pensé que iban a venderme alguna cosa que no necesitaba, y que dentro de poco, siguiendo mi tradición, iba a adquirir.
Cuando me dijo que habíamos sido compañeros en la Escuela me invadió una sensación de afecto, de gratitud por la iniciativa (y no solo por no tener que comprar algún artilugio), y tuve inmediatamente el deseo de participar en la realización de la orla que, a pesar del deseo de todos, nunca tuvimos. Me pidió que le ayudara en el reagrupamiento, que le mandara una foto de entonces y otra actual
Lo hice encantado, le hablé de Rafael Barrufet Dauder, de Valencia, que es uno de nuestros compañeros que ya no podrán ver la orla y una de las personas que más me han enseñado sobre la amistad y la naturaleza, que han sido dos pilares fundamentales en mi vida. También de un compañero sirio, casado con una muchacha de Albacete y que estuve en su casa y después estuvieron en la mía y a los que recuerdo con afecto y agradecimiento, entre otras cosas porque me salvó el examen de inglés. Otro compañero, con el que compartí el trabajo de final de carrera y al que consideraba el perfecto ingeniero agrícola valenciano: pragmático, serio y trabajador. De Carrasco recuerdo, entre otras cosas, que tenía por costumbre recitarme un refrán sobre los catalanes, para hacerme enfadar, y aunque creo que nunca lo logró, todavía lo sé de memoria.
De nuestras compañeras las he identificado a todas. Recuerdo especialmente la que me enseñó que los hombres tenemos mucho que aprender de ellas: ¿Alguien recuerda a la artista que sufría poli-desmayos en el examen oral? Para mí fue un impacto de tal calibre que incluso hoy, medio siglo después de estos hechos, cuando mi compañera me pide que decidamos alguna cosa, siempre coincido con su opinión, de manera que la felicidad y armonía familiar han sido constantes a lo largo de mi vida, y el resultado final de las decisiones compartidas, el mismo que si no hubiéramos coincidido.
También habéis tenido un gran acierto incluyendo a los profesores. Yo venía de la ETSIAV y todavía recuerdo con veneración a un profesor de química: José Beltrán Martínez, no sé si lo que más me impresionó fue su sabiduría científica, sus reflexiones humanistas o el encaje de ambas. De nuestra escuela los recuerdo a todos con agradecimiento: el pensamiento lógico y ordenado de Valentín Ruiz que contrastaba con mi tendencia a volar; de Luís Báguena Corella que después, a través de mi vida profesional, descubrí muchos de sus trabajos y lamenté no haberle conocido mejor…
En fin, no quiero extenderme más, tan solo agradecer el trabajo y tenacidad a los que tuvieron la idea y a los que colaboráis buscando compañeros. A todos los demás aconsejaros que mandéis las fotos cuanto antes para completar la orla. No olvidéis que quien nos lo pide es aragonés y ya sabéis que, además de buenas personas, resulta inútil resistirse a cualquier cosa que se proponen y así, de paso, podremos todos tener la satisfacción de contribuir a la búsqueda de la Orla del Santo Grial y vernos de nuevo juntos antes de emprender el vuelo definitivo. Si ahora no lo conseguimos no podremos culpar a los demás.
Ánimo compañeros, esta vez lo vamos a lograr !!!
Un afectuoso saludo.

martes, 5 de junio de 2012

Recordar la felicidad para ser felices



Se dice que con la edad nos volvemos sentimentales. O tal vez ya lo éramos y lo disimulábamos para parecer más machotes. En mi caso no sé si he cambiado de carácter, pero he observado que ahora disfruto más recordando momentos felices de mi vida, y siento no haber puesto más de mi parte para que esos momentos fueran ahora mucho más fuertes.
Desde que recibí la primera llamada de nuestro " manager general " Miguel Lorente he pensado mucho en mis años en Valencia, que os aseguro que fueron de los más bonitos, y allí estabais vosotros. Seguramente los valencianos os habéis encontrado alguna vez y todo ha sido como una continuidad, pero los que estuvimos de paso hemos padecido una ruptura más fuerte que nos provoca ahora añoranzas.
Los que os acordáis de mi sabréis que era y sigo siendo del mejor equipo de fútbol del mundo, "REAL MADRID" aunque, por lo que os comento, mi segundo equipo es "El Valencia". Todos los años cuando llega San José se me hace un nudo en la garganta si oigo la musiquilla de las fallas.
En fin amigos, que repaso mucho las fotografías vuestras y así os recuerdo mejor y que, como dice Carrasco, esto no puede quedar así. Que nos tenemos que volver a encontrar
Bueno mis datos personales en estos momentos son: Vivo en Madrid, sigo casado con la primera, tengo cuatro hijos y una nieta. Como veréis los años han pasado....
Deseo reencontrarme con todos vosotros. Un abrazo a todos y a todas (como se dice ahora)
Antonio Alcázar "el madrileño”
aalcazar@magrama.es